Old Goodbyes - PAJARO SUNRISE
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ETERNA JUVENTUD

 

Cuando Alfredo cumplió 67 años decidió algo muy desafiante para su vida: dejar de ser cuidado por los de afuera.

 

Fue criticado y advertido por sus hijos que dejar de ir a médicos para sus chequeos era muy peligroso. A él no le importó. Cambió las horas en las salas de espera de los consultorios por cafés y libros de una librería que ofrecía esa doble y agradable experiencia.

 

Fue cuando se empezó a interesar por el Imperio Romano. De como Roma se expandió hacia el Mediterráneo, y que Octavio Augusto y Trajano fueron sus mejores emperadores.

 

Con el tiempo empezó a notar algunos cambios. Sus ocasionales dolencias, por las cuales su esposa solía incluso preocuparlo más con opiniones alarmistas y hasta alguno de sus hijos lo “acusaba” de haberse enfermado, empezaron a desaparecer porque se dio el gran permiso: cambiar de actitud ante todo y todos. Se reprochó por no haberlo hecho antes, pero se aferró a los refranes "Nunca es tarde cuando la dicha es buena" y "Más vale tarde que nunca" para no sentir culpa.

 

Las horas que ocupaba en los interminables estudios que los médicos le indicaban (promedio veinte por mes), los reemplazó por películas y visitas a museos.

 

Los amigos no se cansaban de advertirle sobre el peligro de tamaño “descuido”, mientras cada uno acompañaba su discurso con un apósito de lamentos de dolores físicos varios.

 

El 7 de agosto de 2021 Alfredo cumplió 92 años. Actualmente vive con uno de sus hijos, lugar elegido para festejar su cumpleaños. Casi treinta personas estuvieron acompañando el nonagésimo segundo invierno de Fredi, como le decían sus allegados.

 

Los que más bulla hacían eran sus bisnietos que no paraban de correr a la nada. Por cuestiones de fuerza mayor no pudieron ir ninguno de sus amigos ni los médicos que lo trataban. Tampoco su esposa.

 

El álbum de fotos de sus recuerdos disparaban chispas con imágenes claras y difusas. Las sonrisas de sus hijos de bebé y el día de su primer trabajo en una juguetería (las claras); su casamiento y algunos falsos amores (las difusas). 

Sin que nadie se percatara, Alfredo le robó un chupetín a uno de sus bisnietos y lo fue a disfrutar a su cuarto.

Se sentía un emperador.

 

El tiempo pasa. Solo para algunos.