Electric Youth - MODERN FEARS
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SICARIO

 

24 de diciembre de 2002. 23.20.

Una luz azul alumbraba el centro de una sala enorme. En el centro, un escritorio, una notebook, y una silla.

 

Carlos N. , desnudo, se sentó y pensó, nervioso y angustiado. La misma maldita historia se volvía repetir.

 

En esa misma fecha, pero de 1997, fue el primer asesinato. Se encargó personalmente de un dealer que le dejaba sumas enormes a la señora encargada de la recaudación en las misas a las que asistía, creyendo que pagando sus pecados desaparecerían. Parece que así le habían enseñado en su niñez, y al sentirse absuelto por la divinidad seguía con sus tropelías. Había que detenerlo. El disparo de un revólver calibre 32 acabó con sus delitos y sus pecados definitivamente. Carlos N. nunca se arrepintió.

 

Durante 1998 y 1999 estuvo tranquilo y ocupado, comprando regalos y acompañando a cada una de las parejas que ocupó su vida cada año, junto a sus respectivas familias.

 

La nochebuena del 2000 no fue buena. Le dolió mucho, muchísimo lo que le hizo a Sabrina, la mujer de los miedos. Ella temía a todo. A la verdad y al alquitrán. Al sexo y a ser feliz. A transgredir y a escribir una carta de amor. A expresar sentimientos con palabras y a tomar decisiones que la alejaran de la monotonía. Carlos N. conocía en detalle la historia de la miedosa. Sabía que tenía cuatro cerraduras en su puerta, y que padecía cada vez que alguno de sus hijos le reprochaba que sus miedos se los había transferido. La esperó cuando entraba a su casa, la durmió con cloroformo, le dijo antes del sueño:  -"los que tienen menos miedo se quedan con todo", y la escondió en el baúl de su auto, tal cual lo había visto en una película. Fue impreciso el relato de como la mató. Pero efectivamente lo hizo, para que dejara de tener miedos definitivamente.

2002. El político festejaba. Era el protagonista de una historia de escándalo y corrupción. Sus negociados y coimas eran suficiente causa para su felicidad de cotillón. No era gordo como suelen pintar a estos personajes los filmes de Hollywood. Era más bien escuálido. Leyó la tarjeta navideña de alguien por la mitad porque no le importaba. El cuchillo fue impiadoso. Solo bastó un solo ingreso a su cuerpo enjuto para que se diluyera su existencia.

 

23.43. La campana de un viejo reloj de pared sonó a destiempo. La habitación a oscuras y el tenue azul de los instantes aceleraron el pulso. Un nuevo final se acercaba. Los latidos de su corazón se volvieron audibles. Adrenalina y un sudor invasivo se desparramó por su frente.

 

Sonó su celular. Miró la pantalla. Era el llamado de un ex. El que él creía que era el hombre de su vida.

 

El personaje de su novela salvó su vida. Por ahora.