Straight from the heart - BRYAN ADAMS
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LA DESPEDIDA

 

A la una de la madrugada de aquel lunes de agosto guardó en la biblioteca un nuevo capítulo de su vida. Lo que no tenía idea era lo que le depararía el nuevo.

 

Ya había vivido su timidez adolescente (Tomo III, Capítulo I), su primera novia y la aventura universitaria que lo convertiría en arquitecto (Tomo V, Capítulo I), y su depresión sin causa aparente cuando estuvo un año recluido en un departamento de un ambiente arrepentido de haber estudiado esa carrera (Tomo VI, Capítulo III).

 

Se casó, y como su esposa dijo que había que tener dos hijos tuvo que tenerlos. Fue feliz. Eso creyó, al menos.

 

Trabajó en una panadería casi todo su matrimonio, algo así como quince años. Sus conocimientos de arquitectura potenciaron la calidad de las tortas, con decorados increíbles.

 

Una app de citas tuvo que bajar para mitigar la rutina en la pareja. La fantasía era más importante para él en ese momento de su capítulo que la realidad que lo rodeaba.

 

La adrenalina de los encuentros clandestinos con Marcela ocuparon casi todo el Tomo IX. Los parámetros de lo que está bien y lo que está mal se diluyeron. El amor no es prolijo.

 

Forjaron un vínculo increíble. La magia y la química creaban una simbiosis perfecta. Una unión única.

 

Un verano, mientras su mente se apoyaba en un cumulunimbus, la llamó. Su esposa ya no estaba en su vida vincular, y un deseo muy, pero muy profundo, le hizo balbucear un “Quiero casarme con vos”. Hubo un silencio del otro lado. Como pudo Marcela esquivó el tema. Sonó raro, casi a un ruego y, aparentemente, él después supuso que la había invadido por demás con aquella sorprendente propuesta.

 

Pasó un día, dos, siete, diez. Las semanas que no vió a Marcela casi cabían en un capítulo entero. Llamados sin respuesta, y una angustia desbordante solo ocupaban sus instantes. Tortas con formas de lágrimas, y decorados con flores deshojadas era lo único que podía hacer en su lugar de trabajo.

 

Pasaron tres meses de llamados intermitentes, y un día ella atendió. Quedaron en encontrase en un bar de Córdoba y Paraguay. Su alegría ocupó varias páginas del Tomo IX.

 

Pidió un cortado. Ella otro. Él no paraba de hablar. Ella no decía nada.

 

Un humo rancio deshacía unos minutos que parecían eternizarse para ella.

 

-Debía tener dos hijos, dijo. Eso él ya lo había escuchado una vez. Y uno venía en camino.

 

Se despidieron. Tal vez si él hubiera tenido que ver en esa nueva historia se hubiera quedado para escribir un nuevo capítulo.

Se preguntó una y mil veces porqué muchas historias de amor terminan mal.

 

Porque si. Fin del Capítulo XX.